De ahora en más, cuando me pregunten cómo imagino al infierno, voy a contestar: “Como 1984, el libro de George Orwell”. Este relato es una fotografía de la pesadilla misma. Persecución, esclavitud, oscuridad, misterio y tristeza son los adjetivos que le van al clima generado durante toda la novela.
Me declaro una fan absoluta de Un mundo Feliz, por lo que me vi tentada a leer 1984 (de un estilo parecido). Con sinceridad, el ejemplar de Huxley sigue siendo mi favorito, pero no le quito mérito a esta historia. El personaje de Winston es un hombre de mediana edad que vive bajo un régimen autoritario que excede la imaginación de cualquiera. En el tiempo de la historia, el mundo se ha dividido en 3 países que abarcan a una masa de estados. El gobierno que se presenta es estático y central. Maneja la prensa, los trabajos, la moda, los pasatiempos, el sexo y el matrimonio.
Una de las herramientas centrales del régimen es el Gran Hermano, una pantalla que esta ubicada en cada ambiente público o privado. A través de la persecución y la censura, el gobierno ha moldeado a seres que carecen de interés y viven automatizados. Su recorrido básico es de la casa al trabajo y no tienen la capacidad de imaginar un mundo diferente.
Pero el personaje central, Winston, aparece como el eslabón distinto de esta cadena de hombres desanimados. Su trabajo es rutinario y pesado, pero aún en la miseria de la vida, logra distinguir que un mundo distinto es posible.
La escritura de Orwell es exquisita. El comienzo puede resultar desalentador, pero hay extractos donde explica la realidad social que podrían ser analizados hoy en cualquier universidad para entender a gobiernos autoritarios. Es un libro que en el 2009 continúa vigente, y aunque se trate de ciencia ficción, contiene elementos que son aplicables a realidad de cualquier país.
Una historia que se sumerge en una realidad oscura y misteriosa. Que muestra la miseria humana y la ambición por el poder. Una obra que es un mito, una revelación y una guía.
Georgina Marrapodi
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